martes 22 de septiembre de 2026

Alberto Rodríguez Saá citado a declarar y el juicio ya apunta a su gobierno

El exgobernador será testigo en el proceso contra Cintia Ramírez. La defensa sostiene que las decisiones cuestionadas no eran individuales sino parte del funcionamiento del poder durante su gestión.

El juicio contra la ex secretaria de Deportes, Cintia Ramírez, dejó de ser un expediente acotado a una funcionaria. Con la inminente declaración de Alberto Rodríguez Saá, el proceso empieza a rozar algo más sensible: el modo en que se tomaban decisiones dentro de su gobierno.

El exgobernador fue admitido como testigo y declarará entre jueves y viernes. Su participación no es un dato menor. Llega en un momento en el que la estrategia de la defensa apunta a desplazar el foco de la responsabilidad individual y ponerlo sobre la estructura política de la gestión anterior.

El planteo es directo. Según el abogado Marcos Juárez, la operación cuestionada —la compra de un colectivo— no fue una decisión aislada ni impulsada desde el área de Deportes. Por el contrario, habría seguido el circuito administrativo habitual del Estado, con intervención de organismos clave como Hacienda, Contaduría y Fiscalía de Estado.

Ese argumento introduce una discusión más profunda. Si los actos administrativos atravesaron los canales formales y si las decisiones se originaron en niveles superiores, entonces la causa deja de ser un problema individual para convertirse en una discusión sobre el funcionamiento del poder.

Durante años, la administración de Rodríguez Saá se caracterizó por un esquema de conducción altamente centralizado. Las decisiones estratégicas se concentraban en la cúspide del Ejecutivo y descendían a través de la estructura estatal. Ese modelo, que en su momento fue presentado como sinónimo de orden y control, hoy aparece bajo una luz distinta en el ámbito judicial.

La propia defensa dejó planteado ese eje. Sostiene que Ramírez no tuvo intervención directa en los aspectos clave de la operación y que existe documentación que respalda ese recorrido administrativo. En esa línea, el testimonio del exgobernador adquiere un peso determinante: no solo puede aportar información, sino también confirmar cómo se definían las decisiones dentro de su gestión.

El desarrollo del juicio también dejó al descubierto otra cuestión. La ausencia de ciertos elementos probatorios, como auditorías completas o registros detallados de transferencias, fue señalada por la defensa como una debilidad del caso. Sin embargo, más allá de esas discusiones técnicas, el expediente ya produjo un efecto político: volvió a poner bajo análisis el funcionamiento interno del gobierno anterior.

La declaración de Rodríguez Saá no será una más. Su palabra puede redefinir el alcance de las responsabilidades y, sobre todo, el contexto en el que se tomaban las decisiones.

Si confirma que las medidas cuestionadas respondían a una lógica centralizada de gestión, el impacto excederá el caso puntual. El juicio pasará a ser, en los hechos, una revisión de cómo se ejercía el poder en San Luis.

En Tribunales no se discuten relatos ni construcciones políticas. Se reconstruyen hechos. Y, en ese proceso, muchas veces, lo que aparece no es lo que se decía, sino lo que realmente ocurría.