Clima
El Niño se fortalece y aumenta el riesgo de lluvias extremas en la Argentina
El Niño continúa fortaleciéndose en el océano Pacífico y comienza a configurar un escenario de mayor inestabilidad para la Argentina de cara a la primavera y el verano, con un aumento de las probabilidades de lluvias abundantes y períodos de tormentas en distintas regiones del país.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó que el fenómeno permanece activo y anticipó que seguirá intensificándose durante lo que resta de 2026. Su último informe disponible estima un 81% de probabilidades de que alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM), por su parte, informó que durante agosto, septiembre y octubre el episodio continuará ganando fuerza y señaló al sudeste de Sudamérica entre las regiones con mayores probabilidades de registrar precipitaciones superiores a los valores normales.
Aunque popularmente comenzó a utilizarse la expresión “Súper El Niño”, los organismos meteorológicos aclaran que esa denominación no forma parte de la clasificación oficial. Los eventos son definidos como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes.
El fenómeno se origina por un calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. Esa modificación altera la circulación atmosférica y puede producir cambios significativos en los patrones de temperatura y precipitaciones en distintas regiones del planeta.
En la Argentina, históricamente, una de las señales más claras de El Niño aparece sobre el Litoral, el noreste y sectores del este de la región Pampeana, donde aumentan las posibilidades de atravesar períodos más lluviosos.
El escenario alcanza especialmente a provincias como Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y sectores de Buenos Aires. La OMM prevé precisamente una señal de lluvias por encima de lo habitual sobre el sudeste de Sudamérica durante los próximos meses.
Eso no significa que vaya a llover permanentemente ni que todos los eventos sean extremos. El Niño modifica probabilidades y tendencias estacionales, pero no permite anticipar con meses de anticipación dónde ocurrirá una tormenta severa determinada.
El mayor riesgo aparece cuando una atmósfera con abundante humedad coincide con sistemas meteorológicos favorables para desarrollar tormentas. En esos casos pueden registrarse precipitaciones intensas en períodos cortos, caída de granizo, fuertes ráfagas y elevada actividad eléctrica.
También deberá seguirse de cerca el comportamiento de la cuenca del Plata. Períodos prolongados de precipitaciones sobre el sur de Brasil, Paraguay y el noreste argentino pueden aumentar progresivamente los caudales de los ríos Paraná, Uruguay e Iguazú y elevar el riesgo de crecidas.
El campo tendrá otro frente de atención. Después de períodos deficitarios, mayores lluvias pueden mejorar las reservas de humedad de los suelos y favorecer diferentes cultivos, pero un exceso sostenido puede provocar anegamientos, complicaciones para las labores y pérdidas productivas.
En las ciudades, el problema será diferente. Las precipitaciones concentradas en pocas horas pueden superar la capacidad de los sistemas de drenaje y generar acumulaciones rápidas de agua, especialmente en áreas urbanas vulnerables.
La intensidad proyectada del fenómeno tampoco significa que todos sus efectos serán necesariamente más graves. Incluso un El Niño muy fuerte puede tener impactos diferentes según la región, la época del año y la interacción con otros patrones atmosféricos. NOAA advierte expresamente que los eventos de mayor intensidad aumentan las probabilidades de determinados escenarios, pero no garantizan que se produzcan en todos los lugares.
El fenómeno se desarrollará, además, sobre un planeta con temperaturas medias más elevadas. La OMM anticipa valores superiores a los normales en buena parte de Sudamérica durante los próximos meses, un factor adicional que obliga a seguir de cerca la evolución del clima regional.
Con la primavera cada vez más cerca, la atención comenzará a desplazarse hacia el Litoral y el este argentino. Los pronósticos estacionales permiten advertir dónde aumentan los riesgos, pero las situaciones concretas de lluvias torrenciales, tormentas severas o crecidas deberán evaluarse con pronósticos de corto plazo y alertas oficiales a medida que avance la temporada.