El Niño
El Niño se intensifica y crece la alerta en Argentina por lluvias e inundaciones
El Niño ya está instalado y avanza hacia una fase de mayor intensidad. Los últimos pronósticos internacionales elevaron considerablemente las probabilidades de que el fenómeno alcance niveles muy fuertes durante la primavera y comienzos del verano, un escenario que vuelve a encender las alertas en la Argentina por el riesgo de lluvias intensas, crecidas e inundaciones.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó en su actualización de agosto que las condiciones oceánicas y atmosféricas son consistentes con una fase El Niño y estimó una probabilidad cercana al 100% de que se mantenga durante el trimestre agosto-septiembre-octubre.
La advertencia más fuerte llegó desde Estados Unidos. El Climate Prediction Center de la NOAA actualizó el 13 de agosto sus proyecciones y calculó una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance una intensidad “muy fuerte” entre septiembre-noviembre y noviembre-enero. Para el trimestre octubre-diciembre, incluso, asignó un 69% de posibilidades de que la intensidad supere a la de los episodios registrados desde 1950.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también anticipó que el fenómeno seguirá fortaleciéndose. Su perspectiva para agosto-octubre muestra una señal compatible con un El Niño fuerte y ubica al sudeste de Sudamérica entre las regiones con mayor probabilidad de precipitaciones superiores a lo normal.
El escenario no significa que toda la Argentina vaya a sufrir inundaciones ni permite anticipar cuánto lloverá en una ciudad determinada. Los organismos científicos remarcan que la intensidad de El Niño aumenta la probabilidad de determinados patrones climáticos, pero no garantiza que sus impactos sean igualmente severos en todas las regiones.
El Litoral, entre las regiones bajo mayor atención
Históricamente, los episodios fuertes de El Niño favorecieron precipitaciones superiores a las normales en el Litoral y sectores del centro-este argentino. Un informe elaborado por el propio SMN sobre el fuerte evento de 2015-2016 documentó mayores probabilidades de lluvias en el Litoral, la región Pampeana y otras zonas del centro del país, junto con inundaciones y excesos hídricos.
Por eso, la atención vuelve a concentrarse especialmente sobre Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Santa Fe y sectores de Chaco, además de la evolución de las cuencas de los ríos Paraná y Uruguay. La incidencia concreta dependerá no sólo de El Niño, sino también de otros factores atmosféricos, de las lluvias acumuladas aguas arriba y de las condiciones locales.
Una fuente con conocimiento de la situación en distintas provincias consultada por este medio aseguró que existen advertencias sobre la capacidad de respuesta frente a un eventual período de lluvias extraordinarias. “Puede ser una catástrofe”, señaló al describir el riesgo de que determinados sistemas urbanos y de infraestructura queden desbordados si coinciden precipitaciones excepcionales con altos niveles de vulnerabilidad.
La advertencia pone sobre la mesa una cuestión que va más allá del pronóstico meteorológico: qué tan preparada está la Argentina para afrontar un evento de esta magnitud.
¿Está preparada Argentina?
El país cuenta con herramientas institucionales para anticipar emergencias. El SMN dispone de un Sistema de Alerta Temprana que monitorea lluvias, tormentas, vientos y otros fenómenos peligrosos, mientras que el Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo (SINAGIR) articula organismos públicos y actores vinculados con la prevención y respuesta frente a desastres.
A esa estructura se suma el Sistema Nacional de Alerta y Monitoreo de Emergencias (SINAME), que funciona durante las 24 horas y sigue amenazas como inundaciones, tormentas, incendios, nevadas y sismos para proporcionar información a autoridades nacionales, provinciales y municipales.
Pero disponer de pronósticos y alertas no significa necesariamente contar con el mismo nivel de preparación en cada territorio. La capacidad de respuesta depende también del estado de desagües y defensas, obras hidráulicas, planificación urbana, ocupación de zonas inundables, protocolos de evacuación y recursos disponibles en cada provincia y municipio.
Es allí donde aparece una de las principales preocupaciones señaladas por especialistas en gestión del riesgo: un fenómeno meteorológico extremo se transforma en desastre cuando encuentra población e infraestructura altamente expuestas y con escasa capacidad de respuesta.
Un fenómeno fuerte, pero no un “Súper Niño” oficial
Aunque la expresión “Súper El Niño” comenzó a multiplicarse para describir la magnitud que podría alcanzar el episodio actual, no se trata de una categoría científica oficial.
La OMM clasifica los eventos como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes y aclaró expresamente que “Súper El Niño” no forma parte de su sistema operativo de clasificación.
Lo que sí muestran los últimos datos es una señal excepcionalmente robusta. Según NOAA, para septiembre-octubre-noviembre existe un 93% de probabilidad de un El Niño muy fuerte, porcentaje que sube al 95% para octubre-noviembre-diciembre.
Además, el fenómeno ocurre en un planeta con temperaturas oceánicas y atmosféricas elevadas. La OMM advirtió que la combinación de El Niño con otros factores climáticos puede modificar y potenciar los impactos regionales, aunque sigue siendo imposible traducir hoy esa señal global en una cantidad específica de lluvia para cada provincia argentina.
Por eso, las próximas semanas serán decisivas. El interrogante ya no es si El Niño continuará, sino hasta dónde llegará su intensidad y cómo encontrará preparadas a las regiones más vulnerables cuando llegue el período del año en el que su influencia sobre las lluvias de la Argentina suele hacerse más evidente.